Aeropuertos, autopistas, hipermercados, vestíbulos de hotel: espacios donde nadie reside, solo se transita. Augé los llamó no-lugares y Fariña, catedrático de urbanismo, relee aquí su ensayo treinta años después. En el no-lugar no hablas con nadie, hablas con carteles ("prohibido fumar", "tome el carril de la derecha"), y la relación con los demás se vuelve lo que Augé llama contractualidad solitaria: todos juntos, cada uno solo.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«Augé nombra los no-lugares, espacios de paso sin identidad ni historia. El reverso del lugar trascendente: tránsito puro frente a permanencia. Beauvais y el aeropuerto son los dos extremos del espacio construido: uno se levantó durante siglos para que quien entre sienta algo; el otro está diseñado para que nadie sienta nada y siga circulando.»
«Los no-lugares de Augé pueden convertirse en punto de encuentro añadiendo una capa artística y lúdica como Invader.»
«Los no-lugares y los espacios liminales, ponen de manifiesto la necesidad de contar con un lugar y espacio propio.»