La flauta mágica (Trollflöjten, 1975), de Ingmar Bergman
Bergman lleva a la pantalla la ópera de Mozart con un enfoque teatral pero profundamente cinematográfico: rueda en el pequeño teatro de la corte de Drottningholm, y deja ver deliberadamente el andamiaje del espectáculo —bambalinas, músicos, actores esperando su entrada— para recordarnos que estamos viendo una función, sin que eso reste magia a la fábula de Tamino, Pamina y Papageno.
La acogida crítica ha sido extraordinariamente sólida y sostenida en el tiempo. En Rotten Tomatoes acumula un 92% de aprobación con 26 reseñas, con un consenso que la describe como una puesta en escena ágil y gozosa que “captura el ingenio y la sátira de la ópera con un aire escandinavo”. Roger Ebert, quien la revisó en su día, señaló que nunca antes Bergman había hecho una película tan cálida, feliz e inocente, casi como si toda esa alegría hubiera estado acumulándose tras la etapa de sus films más metafísicos. Pauline Kael, por su parte, apuntó que Bergman parecía haber alcanzado una nueva serenidad para abordar esta ópera sensual y exuberante  que había desconcertado a tantos directores de escena.
Con el paso de las décadas, el prestigio de la película solo ha crecido: es habitualmente citada como la mejor adaptación de ópera al cine jamás realizada, y Criterion la sigue describiendo como la versión cinematográfica de ópera más lograda jamás producida . Incluso críticos contemporáneos, más reticentes al principio, terminan rindiéndose ante ella: reconocen que, más allá de sus discutibles decisiones de reparto, sigue siendo una alegría inmensa de contemplar.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«Ambas películas han sido catalogadas como obras de referencia; si bien a primera vista no guardan una relación clara al pertenecer a géneros y épocas bien diferenciadas, ponen de manifiesto el poder del símbolo y la potencia de la imagen generada por el séptimo arte. Ambas obras de ven ser consideradas como imprescindibles para cualquier amante del cine, acercando en el caso de La Flauta Mágica al usuario a una ópera cargada de alegorías acerca de lo femenino y lo masculino, con una visión claramente iniciática que se repite en el caso de Metrópoli de Fritz Lang, en la que la figura de la mujer destaca como una Sophía descendida a la materia, y una imagen del Demiurgo encarnado por un empresario que controla la vida y los destinos de sus trabajadores con mano férrea»
Metrópolis, de Fritz LangVídeoAlberto Sanz«Recuerdo cuando encontré esta película de Bergman en DVD en Fnac dentro de la selección que había de grandes directores, con tapas de cartón duro. Para mí marcó un antes y un después como experiencia íntima de exponerte al misterio que Mozart deja entrever en su ópera más polémica. Una muestra de cómo un genio como Bergman se acercó a la obra total de un gigante como Mozart, que a su vez puso sonido al al libreto de Emanuel Schikaneder, siendo la última ópera que Mozart vio en vida.»