El hombre-masa de Ortega no es el pobre ni el inculto: es quien está satisfecho de sí mismo, no se exige nada y exige tener razón sin haberse molestado en tenerla. Cada relectura en tiempos de redes sociales da un poco de vértigo. Este artículo resume las tesis y también las críticas al elitismo orteguiano, que conviene tener presentes. Polémico entonces, incómodo ahora.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«En esta obra aclamada de Ortega y Gasset (la rebelión de las masas), se puede extender una conexión con los postulados gnósticos del libro de Guillermo Más Arellano y su obra “asedios de lo terrible”, en tanto se pueden referir a una interpretación filosófica y política muy concreta de la gnosis secularizada. Para la gnosis, la humanidad se puede dividir según su nivel de conciencia, siendo los hípicos aquellos atrapados puramente en lo material y lo vulgar, sin cuestionar su realidad. En”la rebelión de las masas”, Ortega y Gasset describe al “hombre-masa” como un individuo conforme, sumiso a la corriente colectiva, que impone su vulgaridad y carece de aspiraciones espirituales o intelectuales propias, lo cual conecta a su vez con los proles de Orwell, en los que la masa de la poblacíón a la que el sistema mantiene entretenida con vicios menores, loterías y fútbol, para que jamás despierte su conciencia ni inicien una revolución real.»