Benidorm: gente de clase obrera disfrutando de sus vacaciones con el mismo derecho a la foto que los iconos de las revistas. Parr rescata de la masa a la persona concreta (la señora que sonríe a juego con su perro, el "DEBBIE" tatuado en una espalda quemada por el sol) y donde otros veían vulgaridad él encuentra belleza y personajes. Las agencias no retrataban esto: cuando pidió entrar en Magnum, Cartier-Bresson dijo que venían de "dos sistemas solares distintos" y lo admitieron por un solo voto. Hoy sus fotos están en el MoMA. Lo vulgar era el prejuicio, no la gente normal en la playa.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«El Benidorm de Parr desmonta un mito acercándose a la experiencia del individuo. Podría haber entrado perfectamente como un capítulo de sus mitologías»