Hice esta pieza y escribí el texto que la acompaña porque cada vez me resultaba más difícil aceptar la velocidad como una condición inevitable de nuestra época. Me interesaba detenerme en ese instante en el que todavía podemos decidir si seguimos el ritmo impuesto o nos permitimos parar. La contemplación aparece aquí no como una retirada, sino como una forma de resistencia. No busco convencer a nadie de nada, solo abrir un espacio para que cada uno decida qué hacer con esa pausa.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«Ambas parten de una misma intuición: que la prisa no es solo un ritmo impuesto desde fuera, sino también una forma de huida de uno mismo, y que solo deteniéndonos podemos volver a habitar nuestra propia experiencia.»