En este sucinto artículo se plantea algunos de los territorios menos transitados de la obra de David Lynch: su trabajo con el cuerpo, los objetos y las atmósferas, no solo en el cine, sino también en la fotografía, la música y la publicidad.
El artículo explora cómo, en su universo, el cuerpo puede fragmentarse, deformarse o desaparecer entre luces y sombras, cómo los objetos cotidianos se convierten en portadores de secretos y cómo el sonido y la música construyen atmósferas capaces de transformar nuestra percepción de la realidad.
Trazadas y explicadas por personas: la razón es lo que las hace valiosas.
«Ambos sitúan el cuerpo en un territorio que va más allá de su representación habitual. En David Nebreda, el cuerpo se convierte en materia, límite y experiencia; en el universo de David Lynch, puede transformarse en fragmento, sombra o presencia inquietante. En ambos, el cuerpo deja de ser únicamente una imagen para convertirse en un territorio de exploración.»